miércoles, 2 de marzo de 2011

Siempre quise ser bigote...



Desde que nuestras miradas se cruzaron, supe que quería ser bigote. Transformarme y disgregarme hasta convertirme en filamento. Subrayar la nariz y esconderme, para darle  personalidad al rostro. Como carta de presentación ignorada,  que en ausencia se hace indispensable. “¿Qué es una cara sin bigote?” “Yo seré la respuesta”. Estaré pendiente esperando mi momento. Surcaré tus poros y tu textura como comedor recién barrido. Incisivo y delirante, pero firme en el trayecto. Prometo ser frágil y tensar tu cuerpo, hincar y ablandar las masas. Sabré trancar tus huesos y encolerizar tus músculos. Seré impermeable, rítmico y espontáneo como barredor de estrellas. Llámame filtro de impurezas y que los gemidos marquen el rumbo. Auscultaré tu geografía y cada vello será el colonizador de lo desconocido. Una lluvia de mayo.
No seré cualquier bigote. Y si he de fallarte, la navaja con la que me juzgues debe ser precisa. Si te acercas vivaracha un “Hitler” no vendría mal. Un mandato rotundo y autoritario para purificar tu raza en la mía. Si te acercas pintoresca, seré un “Dalí” y como hormiga detendré el tiempo para extender mis hebras y “surrealizarme” en tu vientre. ¿Mojada? Tranquila chica, que con la brocha “supermario” esparciré tu lúbrides como rocío en el mogote desterrando a Venus. Si estás indecisa seré un “puberto”. Un intento de bigote que reúna a los tucos en serie. Una sombrita precoz. La tímida y coqueta etiqueta de la metamorfosis. La afirmación del poderío. Un espectáculo andante. La sombra de mi nariz. Un bigote…


martes, 1 de marzo de 2011

La foto de escritor...


     Es un corte inédito, tonto. Una risa desprevenida, una seriedad solemne, un misterio profundo. No son aguas de marzo, son la foto de escritor. La que aparece ahí tras la portada, de estocada como un vil reflejo de lo que supone será el dios creador de un enigma por descubrir, palpar, sentir, saborear o repudiar.
Entre el descoloro se esconde el peso de una idea, un no ser que decide esconder su color. Todos lo hacen. Todos lo anhelan.
¿Por qué tan seria la mirada? ¿Acaso te estás cagando? Qué se te habrá perdido a lo lejos. ¿Podrías dejar de respetarme y mirarme a los ojos? Demuéstrame que vives, que tienes esencia, que no eres más que la abstracción del pensamiento, de toda lógica natural y que eres humano. Ya compre tu libro, déjate ver.  ¿Quién eres?

La mano…¿Qué escondes detrás de la mano? Siempre está ahí. La mano. Aguantando la quijada o sobando la cara. En el más ínfimo de los casos, el “garecillo”. Pero, ¿por qué? ¿Tú cabeza pesa tanto?  ¿Cómo se retrata la intelectualidad? de manera cínica ¿no?.
Qué risa me dan algunos. Otros tantos me dan lástima. Pero las más cómicas son las escritoras. Siempre con la sonrisa ingenua de que “fui abusada y ahora abuso en mi escritura” (aunque no sea cierto).  No soy Hegel, ni misógino, ni lo he leído siquiera aún. Pero soy un consumidor. Uno que compra, se apasiona y siente la urgencia de esos relatos e ideas que sólo ellos sabrán brindarme. Uno que siente un vacío y sabe que alguno de estos podrá llenar esa angustia. (Realmente este párrafo rompe la hilaridad pero entiendo que es necesario incluirlo pues debo dar el trasfondo del desconocido)
(Volviendo al tema) Escoger un buen libro - ¿Por la portada? ¿O por la foto? Hacerlo por la foto suena a sexo anal pero sería una experiencia diferente. Sería juzgar el libro por la contraportada. Como cambiar de inteligencia. Ignorar el titulo o la editorial, simplemente que el fenotipo del creador palpe nuestras miradas y nos cause esa intriga que nos llevará a cometer el trueque.
¿A dónde quedó el servicio al cliente? ¡No reciclen las fotos! Hoy en día hay bastantes carpetas donde buscar. ¿O es que sólo salen bien en esa foto? Su cuerpo no puede ser más cómplice que sus palabras y desde este mundo lo denuncio. Si nosotros los mundanos debemos sacarnos una foto 2x2 para cualquier cosa, ¿por qué ustedes no pueden hacer lo mismo?. ¿Acaso el olimpo esta en recesión? ¿No hay chavos para fotógrafo? ¿Para qué les pago a las editoriales? Necesitamos variedad, no es justo.  ¿Pero quién soy yo para criticar o siquiera atreverme a contactarles? Ellos son los que saben, dicen todos. Ni siquiera tengo la bibliografía aún para criticar. ¡Pamplinas! ¿Quién dice que debe ser así?
 Yo compro los libros, Yo los leo, Yo me quejo!  Así que de ahora en adelante manifiesto por decreto mundano que se tiren más fotos  y nos dejen saber quienes son.


No me hagas caso...



A quien le importa este poema,
trapos sucios sin sentido,
que solo tapan los latidos,
del mil veces mal entendido.

Cuanto conozco cuanto sé,
se sacude por segundo,
 como se visten y se desvisten
bailarinas exóticas por el mundo.

Dioses, teorías y dilemas,
que ni  en si mismos se
convencen, circulan
como pájaros,
 de la recién “nokiada” caricatura .

Realismo mágico que alude,
a la mas fuerte y severa tormenta,
de la cual ningún inculto escarmienta
ni se siente protegido.

Sacúdele la alfombra, dale un puño,
un rodillazo , ráspale la cabeza,
quítale la pipa, escóndele el supuesto
veneno blanco , verde o naranja.

Cuando sienta que es real
Miéntele!, que no te haga caso
 que se desengañe por tu mentira

Cuando respires seguridad,
comas placer,
evacues elocuencia,
Sonrie… estas vivo.

Tanta ambición...

...Tanta que nubla entristece
Empobrece al abatido y no deja que este sea
Sin que se convierta en lo que se le estipula al nacido sin abolengo y por eso
Me entretengo ya que la suerte ha sido la mía

La del color, la de la raza, la del sendero de flores de vidrio que se deshacen, y pisas mientras te adentra y te das cuanta que cenicienta dejó el tacón para cortarse porque no podía vivir entre tanta hipocresía

Día a día lo veo. Día a día lo siento. Y mientras más me da el viento, más ganas me dan de llorar pues a mi me ha de tocar esta triste agonía

Triste que te quiero verde y me “avivanta” la ira y no es una cuenta de banco
Pues mi menudo se acopla a mi bolsillo

Zapato al zapatero, cuchillo al carnicero

Que alimenten y calcen los que les toca, y no digan que tenemos demasiada hambre
Pues los callos nuestros pies laceran y ya el ardor se les revierte…